Viernes, 1 de agosto de 2003
República Democrática del Congo
Amnistía Internacional hace hincapié en la necesidad
urgente y continua de prevenir los abusos contra los derechos humanos
a través de una intervención internacional
(Nueva York) - A pesar de que supuestamente ha terminado la guerra
de cinco años en la República Democrática del
Congo (RDC), siguen sucediéndose las masacres, mutilaciones
y violaciones en la zona oriental del país, y la necesidad
de que intervenga la comunidad internacional se ha vuelto impostergable,
afirmó Amnistía Internacional en vísperas del
aniversario de la guerra. La organización de derechos humanos
concluyó recientemente una misión de investigación
de tres semanas en la zona oriental de la RDC y Uganda.
"El odio mutuo que existe entre los grupos étnicos
de Ituri, alimentado por los líderes políticos y de
las milicias, está tan profundamente arraigado que llevará
años para que estas heridas comiencen a cicatrizar",
sostiene Curt Goering, Director Ejecutivo Adjunto Senior de Amnistía
Internacional de EE.UU. (AIUSA). "Es fundamental que la comunidad
internacional esté presente en ese lugar para respaldar este
proceso y, de ser necesario, que enfrente directamente a las milicias
involucradas en masacres y otros abusos graves perpetrados contra
los derechos humanos".
Ante la falta de una presencia militar internacional significativa
en las afueras de Bunia, masacres escalofriantes se siguen sucediendo
en toda la provincia sin que exista ningún tipo de control.
El 22 de julio, en el pueblo de Nizi, al norte de Bunia, milicias
de las etnias Lendu y Ngiti masacraron a unos 22 civiles. Varios
de los cuerpos, acribillados a balazos, habían sido desmembrados
con cuchillos y machetes, y los órganos internos y genitales
habían sido retirados de los cuerpos.
El 15 de julio, una alianza entre las milicias de las etnias Lendu
y Ngiti y miembros de la RCD-ML (Reagrupación Congoleña
para la Democracia - Movimiento de Liberación), un grupo
armado dominado por la etnia Nande que recibe apoyo militar del
gobierno de Kinshasa, atacó la ciudad de Tchomia, en la ribera
del Lago Albert. En el transcurso de aproximadamente diez horas
de intenso combate, los milicianos, tres cuartas partes de los cuales
eran niños soldados, mataron a 80 personas, incluyendo varios
civiles. Unas 200 casas, una quinta parte de las casas de la ciudad,
fueron destruidas.
Este último ataque contra Tchomia se produjo después
de una confrontación aún más devastadora que
tuvo lugar el 31 de mayo, cuando los combatientes de la RCD-ML deliberadamente
atacaron el hospital de Tchomia, matando unas 34 personas, en su
mayoría de las etnias Hema y Alur, entre las que se encontraban
mujeres y niños. Según se informa, el número
total de víctimas luego de aproximadamente seis horas de
lucha fue de alrededor de 300 personas. Los únicos civiles
que permanecen en Tchomia en la actualidad son aquellos que son
demasiado pobres como para pagar los U$S 3 que se les cobra para
cruzar el lago Albert en una canoa hacia la seguridad relativa que
ofrece Uganda.
Durante la misión, los delegados de Amnistía Internacional
dialogaron con víctimas recientes del conflicto. Entre ellas
se incluyen:
· K., un civil de 25 años de la etnia Nande,
que ha estado en un campo para personas desplazadas internamente
desde el 10 de mayo, cuando miembros de la milicia Union des patriotes
congolais (Unión de Patriotas Congoleños, UPC), dominada
por la etnia Hema, se introdujeron por la fuerza en su casa. Los
milicianos le preguntaron a cada una de las personas a qué
grupo étnico pertenecían y luego utilizaron palos
y dagas para golpear y apuñalar a una mujer y tres hombres,
causándoles la muerte. Los hombres restantes fueron obligados
a salir de la casa, se les suministraron palos y se los obligó
a caminar delante de los soldados de la UPC, utilizándolos
como escudos humanos. A medida que los milicianos de la UPC avanzaban,
se introducían en las casas cercanas y sistemáticamente
mataban a puñaladas a los civiles que no pertenecían
a la etnia Hema. En el transcurso de dos horas, K. fue testigo del
asesinato a sangre fría de alrededor de 50 personas.
· L., una mujer de 35 años de la etnia Hema, que
se escapó hacia el este desde Bunia el 10 de mayo, fue detenida
y tomada prisionera por milicianos de las etnias Lendu y Ngiti en
la aldea de Bavi al día siguiente. Los milicianos sistemáticamente
individualizaban a las personas sospechadas de pertenecer a la etnia
Hema y hacían que un médico brujo (féticheur)
local confirmara sus sospechas. Cuando el médico brujo denunció
a L. como perteneciente a la etnia Hema, ella fue despojada de sus
ropas, pudiendo sólo conservar una prenda, y quedó
prisionera en un pozo de un metro de profundidad lleno de agua junto
con otras dos mujeres de etnia Hema. Posteriormente, estas dos mujeres
fueron sacadas del pozo por milicianos Ngiti y muertas a golpes
con hachas de mano. L. pudo escapar y llegar hasta Uganda.
· A fines de junio, en el distrito Saio de Bunia, una mujer
de etnia Bira de 45 años y su hija de 13 años fueron
despertadas abruptamente por un grupo de jóvenes milicianos
de la UPC, quienes derribaron la puerta para entrar por la fuerza
en la casa. Una vez dentro de la casa, saquearon y destruyeron la
propiedad y acusaron a la mujer y a su hija de esconder a combatientes
de etnia Lendu en su hogar. Luego, intentaron raptar a la hija.
Cuando la madre trató de intervenir, tanto ella como su hija
fueron brutalmente violadas, una al lado de la otra, por dos de
los milicianos, no muy lejos de su hogar. Tanto la madre como la
niña sufrieron lesiones como consecuencia del ataque.
Desde su implementación en Bunia el 6 de junio, la Fuerza
Multinacional Provisional de Emergencia (IEMF) liderada por Francia,
que permanecerá en Bunia por mandato de las Naciones Unidas
hasta el 1 de septiembre, ha contribuido enormemente a mejorar la
seguridad en la misma Bunia, en particular alrededor del aeropuerto
y de la sede de la Mission de l'organisation des Nations Unies au
Congo (Misión de la Organización de las Naciones Unidas
en la República Democrática del Congo) (MONUC) ubicada
en la ciudad. Sin embargo, a pesar de las patrullas armadas que
controlan día y noche el centro de la ciudad, y de las ocasionales
misiones de reconocimiento más allá de Bunia y sus
alrededores, la IEMF no ha logrado garantizar la seguridad en todos
los distritos de Bunia y no ha hecho demasiado para brindar mayor
seguridad a otras regiones de Ituri, lo que ha dado como resultado
que se sigan produciendo abusos.
El 28 de julio, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó
la Resolución 1493, que amplía el mandato de la MONUC
hasta el 30 de julio de 2004, y autoriza a la MONUC, conforme a
lo que establece el Capítulo VII de la Carta de la ONU, a
utilizar todos los medios necesarios para proteger la vida de los
civiles. Sin embargo, Amnistía Internacional expresó
su preocupación ante la posibilidad de que esto no sea suficiente
una vez que las tropas de la IEMF concluyan su misión en
septiembre.
"Si en septiembre la sangre de civiles indefensos se sigue
derramando a manos de los líderes y las pandillas de milicianos,
la MONUC, como personificación de la voluntad de la comunidad
internacional, será moralmente culpable si no puede evitar
que se produzcan más muertes", afirmó Krista
Riddley, Directora de Defensa y Promoción de África
de AIUSA. "Ya no es suficiente que la MONUC actúe simplemente
como 'observadora'; a través de su mandato recientemente
ampliado, ha llegado la hora de que la MONUC actúe, y lo
haga con eficacia, para evitar que se produzcan más muertes
innecesarias".
Amnistía Internacional sostiene que estas innumerables muertes
y el desplazamiento de cientos de miles de civiles podrían
haberse evitado si la MONUC hubiera intervenido con eficacia luego
del retiro de las tropas ugandesas de Bunia, el 6 de mayo. La debilidad
y falta de determinación de la MONUC se puso de manifiesto
en un incidente ocurrido el 18 de julio, cuando un convoy guiado
por la MONUC que trataba de viajar desde Bunia hacia Beni, al norte
de Kivu, fue obligado a detenerse por una docena de niños
soldados de etnia Lendu, cuyas edades iban de los 8 a los 16 años,
aproximadamente 30 km al sur de Bunia. A pesar de estar bien armados
y de disponer de varios vehículos blindados, el convoy de
la MONUC simplemente regresó a Bunia.
"Hasta el momento, el historial de la MONUC en cuanto a la
promoción de la seguridad de la población civil ha
sido poco menos que vergonzoso", sostiene Goering. "En
ocasiones, la organización ha sido testigo, sin hacer nada,
del asesinato de civiles, algunas veces a plena vista de las instalaciones
de la MONUC. Aunque, en principio, vemos con beneplácito
la reciente ampliación del mandato de la MONUC, el éxito
de su fuerza ampliada en Ituri dependerá en gran medida de
su capacidad y voluntad política para hacer frente a las
milicias y establecer relaciones eficaces con la población
civil local".
Amnistía Internacional ha puesto de relieve que otros organismos
también son responsables de restaurar la paz en la RDC, pero
que hasta el momento no han cumplido con esta responsabilidad. El
gobierno de Kinshasa, a través de su respaldo a la RCD-ML,
sigue estando directamente involucrado en el derramamiento de sangre
en la zona oriental de la RDC. A pesar de haberse retirado oficialmente
de la zona oriental de la RDC, Ruanda y Uganda también continúan
brindando apoyo a las facciones armadas que operan en Ituri.
"Mantener la paz en la RDC dependerá de la cooperación
de todos los participantes clave del conflicto armado", afirma
Riddley. Por lo tanto, es de vital importancia que la MONUC reciba
todo el personal, equipamiento y entrenamiento de combate que sea
necesario para cumplir su mandato, para que pueda desplegar sus
fuerzas en todos los distritos de Bunia y, de forma progresiva,
en el resto de Ituri, y que los gobiernos de Uganda, Ruanda y Kinshasa
pongan fin de inmediato al apoyo militar y político a los
grupos armados que operan en la RDC, todos los cuales han sido responsables
de abusos graves contra los derechos humanos. Además, todas
las instituciones nacionales e internacionales pertinentes deberán
cooperar plenamente con la Corte Penal Internacional mientras ésta
determina cuál es el rol que debe cumplir para investigar
y enjuiciar a los culpables de crímenes de guerra".
Fuente: Amnesty International, 600 Pennsylvania Avenue
SE, Washington, D.C. 20003
Contacto: Wende Gozan
al 212/633-4247 o Krista Ridley al 202/544-0200
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