San Vicente del Caguán,
comunidad abandonada
Calificados de simpatizantes de la guerrilla por las fuerzas de
seguridad y sus aliados paramilitares; expuestos a las represalias
de los grupos armados de oposición; abandonados por las instituciones
del Estado y la comunidad internacional, los habitantes de San Vicente
del Caguán y de lo que en su día se denominó
zona de despeje se enfrentan a niveles de violencia y abuso cada
vez mayores a manos de todos los bandos del conflicto.
En un nuevo informe que se publica hoy, Amnistía Internacional
destaca la difícil situación que atraviesa la población
civil que vive en la zona, donde se desarrollaron las conversaciones
de paz entre el gobierno colombiano y el mayor grupo guerrillero
del país, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia
(FARC). El ejército se retiró de la zona en octubre
de 1998, como condición previa para el comienzo de las
conversaciones de paz, y la zona estuvo bajo el control de hecho
de las FARC durante más de tres años, hasta febrero
de 2002.
«A las comunidades situadas en la zona de despeje nunca
se las consultó sobre su creación y no tuvieron
más remedio que convivir con las FARC. Ahora, debido a
esta convivencia, se las tacha de simpatizantes de la guerrilla
y corren grave peligro de sufrir violaciones de derechos humanos»,
ha manifestado Amnistía Internacional.
«Los habitantes de la antigua zona de despeje se encuentran
atrapados en una tierra de nadie, donde las autoridades estatales
han abdicado de su responsabilidad de proteger a sus ciudadanos,
y las comunidades civiles son vulnerables a los abusos que cometen
ambos bandos del conflicto cuando aplican estrategias para asegurar
el control de la zona», ha añadido la organización,
señalando que el nivel de violencia política en
la zona ha aumentado tras el fracaso del proceso de paz.
Desde la ruptura de las conversaciones de paz, el 20 de febrero
de 2002, la Oficina del Defensor del Pueblo en San Vicente ha
registrado 17 homicidios con motivación política,
a los que hay que añadir otros 78 en los otros cuatro municipios
de la que fuera zona de despeje. Las verdaderas cifras podrían
ser más altas, pero es difícil saberlo debido a
las dificultades de acceso a muchas zonas rurales.
Entre los informes de violaciones de derechos humanos que se
reciben desde la zona los hay de torturas y malos tratos a manos
de las fuerzas de seguridad, de amenazas reiteradas a las comunidades
civiles acusadas de estar del lado de la guerrilla o de las fuerzas
armadas y de uso de niños como informantes. Las FARC continúan
reclutando niños entre sus filas.
Los enfrentamientos directos en la zona siguen siendo limitados,
y ambos bandos parecen ocupados en desarrollar estrategias preliminares
para reunir información y socavar el apoyo al enemigo en
las comunidades locales.
Por un lado, la actuación de las FARC parece encaminada
a intimidar a la población civil para que se someta y a
hacer la zona ingobernable con amenazas y acoso a las autoridades
locales. Por otro, las fuerzas de seguridad continúan tachando
a muchos ciudadanos respetuosos de la ley como colaboradores de
la guerrilla, poniéndolos en peligro de sufrir represalias
de los paramilitares, cuya presencia está aumentando en
el resto de los municipios de la antigua zona de despeje.
«Los habitantes de la que fuera zona de despeje no sólo
han sido abandonados por las autoridades colombianas, que no han
cumplido sus promesas de apoyo político y económico,
sino que, por si fuera poco, también han sufrido el abandono
de la comunidad internacional, que dedicó gran atención
a la zona durante el proceso de paz», añadió
la organización.
«Incluso ahora que la atención de los medios de
comunicación internacionales se ha desplazado hacia otros
lugares, la comunidad internacional debe continuar observando
la situación de los derechos humanos en la zona, insistiendo
en que las autoridades colombianas tomen medidas adecuadas para
proteger a la población civil y que ambos bandos respeten
el derecho internacional humanitario», finalizó Amnistía
Internacional.
Información general
La zona de despeje fue creada en 1998 por el entonces presidente
Pastrana para facilitar las conversaciones de paz con las FARC,
que pidieron la desmilitarización del área como
requisito previo para las negociaciones. La desmilitarización
continuó hasta que las conversaciones se rompieron el 20
de febrero de 2002. La zona, de extensión equivalente a
Suiza, comprende cinco municipios: Mesetas, Vista Hermosa, Uribe
y La Macarena en el departamento de Meta, y San Vicente del Caguán
en el departamento de Caquetá.