No Más Violencia Contra las Mujeres
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- La Violación como Una Herramienta de Guerra
En todos los conflictos armados investigados por Amnistía Internacional en 1999 y 2000 se denunciaron casos de tortura de mujeres, que adoptaba en la mayoría de los casos la forma de violencia sexual.
La violación, al ser utilizada como un arma de guerra, se aplica sistemáticamente para una serie de fines, incluyendo la intimidación, humillación y terror político, para obtener información, para recompensar a los soldados o como parte de la llamada "limpieza étnica".
La violencia contra las mujeres en situaciones de conflicto armado se basa en gran parte en el concepto tradicional de la mujer como propiedad, y a menudo como objeto sexual. Además, durante siglos en todo el mundo se ha atribuido a la mujer el papel de transmisora de la cultura y los símbolos de una nación o comunidad. La violencia ejercida contra la mujer se interpreta con frecuencia como un ataque contra los valores o el "honor" de una sociedad, y por lo tanto se la considera como una herramienta de guerra particularmente poderosa. Por lo tanto, en el transcurso de los conflictos armados se considera a las mujeres como objetos sexuales, como presuntos emblemas de la identidad nacional y étnica y como miembros femeninos de grupos étnicos, raciales, religiosos o nacionales.
Las consecuencias para las víctimas de la violencia sexual en la guerra
son graves y pueden afectar a las mujeres por el resto de sus vidas. Entre
estas consecuencias se incluyen problemas médicos serios y crónicos,
daño psicológico, enfermedades potencialmente mortales como
el VIH/SIDA, embarazo forzoso, infertilidad, estigmatización y/o rechazo
por parte de los miembros de la familia y las comunidades.
La violación y la violencia sexual en el contexto del derecho internacional
- El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional definió como violación las situaciones en que la víctima se ve privada de su capacidad para consentir el acto sexual, incluyendo el mantener relaciones sexuales como forma de evitar un daño mayor o para satisfacer necesidades básicas.
- El Estatuto de Roma reconoce a la violación y otras formas de violencia sexual por parte de los participantes en un conflicto armado como crímenes de guerra. Cuando la violación y la violencia sexual se cometen como parte de un ataque generalizado o sistemático contra cualquier población civil, se las considera como crímenes de lesa humanidad, y en algunos casos, pueden constituir un elemento del genocidio.
- La definición más amplia de la violación en el derecho internacional fue proporcionada por el Tribunal Penal Internacional para Ruanda, que determinó que la violación consiste en una invasión física de naturaleza sexual, cometida contra una persona en circunstancias de coerción. La violencia sexual, incluyendo la violación, no se limita a la invasión física del cuerpo humano y puede incluir actos que no involucran la penetración o inclusive el contacto físico. Aunque el TPIR incluyó el delito de violación como crimen de lesa humanidad, omitió mencionar la violación entre otras categorías de delitos. El Estatuto de Roma, sin embargo, reconoce los delitos de género (incluyendo la violación) como crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad.
- Muchos actos de violencia sexual (incluyendo violación, violación masiva, rapto y esclavitud sexual, matrimonio forzoso, embarazo forzoso, maternidad forzosa y mutilación sexual) constituyen actos de tortura según el derecho internacional consuetudinario. Estos actos se consideran como crímenes de guerra y constituyen graves violaciones de los Convenios de Ginebra.
Impunidad para los perpetradores de violación y violencia sexual en la guerra
Con demasiada frecuencia, aquellos responsables de cometer actos de violencia sexual y violación en el transcurso de una guerra escapan sin castigo. Los factores que contribuyen a la impunidad con respecto a los delitos sexuales en la guerra son varios, e incluyen:
- Un clima generalizado de indiferencia hacia las diversas formas de violencia contra las mujeres;
- La aceptación tácita de que la violación y otras formas de violencia sexual son algo inevitable en una guerra;
- Amenazas y represalias contra quienes denuncien abusos;
- La existencia de legislación nacional especial en varios países que impide que se juzgue a quienes cometan delitos durante la guerra;
- Leyes que otorga amnistía a los perpetradores como parte de ‘acuerdos de paz’.
- La falta de denuncias también es una barrera significativa para la justicia. Muchas mujeres sienten vergüenza y temen ser repudiadas por sus maridos, familias y comunidades si denuncian que han sido violadas. La amenaza de divorcio y la posibilidad de que se las considere "no aptas para casarse" hace que muchas mujeres se sientan renuentes a denunciar sus experiencias. La dependencia económica y social de las mujeres hacia los varones en muchas sociedades contribuye a su miedo de denunciar las violaciones.
La violación como herramienta para la limpieza étnica y el genocidio
En situaciones de conflicto étnico, la violación es utilizada como herramienta para la llamada "limpieza étnica" o el genocidio. Las mujeres y las niñas pueden ser objeto de violencia sexual por ser miembros de una etnia o grupo nacional o religioso en particular. La violación y otras formas de violencia sexual, incluyendo “campamentos de violación”, donde se somete a mujeres y niñas a esclavitud sexual sistemática, se utilizan como armas para sembrar el terror. Además, la violación es a menudo un prólogo brutal para el asesinato.
Vulnerabilidad especial de las mujeres refugiadas
- Más de la mitad de todos los refugiados de todo el mundo en este momento son mujeres y niñas, y las refugiadas son especialmente vulnerables a los delitos de violencia sexual y violación. Mientras huyen de la guerra, las mujeres pueden ser víctimas de violación y violencia sexual en manos de las fuerzas de seguridad, guardias fronterizos, personas de la localidad, contrabandistas y otros refugiados.
- Las mujeres y niñas que están solas se consideran con frecuencia como propiedad sexual en común en los campos de refugiados y pueden verse obligadas a ejercer la prostitución o a mantener relaciones sexuales a cambio de alimentos y documentos, o de que se las considere oficialmente como refugiadas.
- Las mujeres son minoría entre los solicitantes de asilo en los países ricos del Norte porque a menudo no disponen de la movilidad y el acceso a los recursos necesarios para solicitar asilo. Los procesos para obtener asilo a menudo involucran largos períodos de detención, durante los cuales también pueden producirse otros actos de violación y violencia sexual. Al estar mayoritariamente a cargo de los hijos, para muchas mujeres la posibilidad de separación de sus familias coloca al asilo fuera del alcance. El proceso de asilo en sí, que requiere que los solicitantes cuenten su historia a los funcionarios, a menudo de forma reiterada y con toda clase de detalles dolorosos, funciona como un obstáculo para las mujeres que han sobrevivido a la violencia sexual. Muchas están demasiado avergonzadas o traumatizadas como para contar su historia o temen que su experiencia les impida ser elegibles para el asilo debido a una renuencia generalizada a reconocer a cualquier tipo de violencia basada en el género como base del otorgamiento de asilo.
La violación en la guerra: Casos específicos
- Foca, una ciudad de la ex-Yugoslavia, fue escenario de la violación sistemática y la esclavitud sexual perpetrada por los serbios bosnios y las fuerzas armadas yugoslavas a partir de 1992. Mujeres musulmanas bosnias y croatas bosnias detenidas en el Complejo Deportivo Partizan eran llevadas todas las noches y violadas, y se les negaban cuidados médicos para las lesiones recibidas como consecuencia del abuso sexual y las golpizas. Una niña de 12 años de edad, detenida por diez días en agosto de 1992, fue sacada del centro diez veces para ser violada, mientras que su madre fue llevada dos veces. En febrero de 2001, en la Corte Penal Internacional, se condenó a tres serbios bosnios por 33 imputaciones de crímenes de guerra y de lesa humanidad, incluyendo la violación de mujeres y niñas musulmanas bosnias en Foca.
- En el norte de Uganda, el Ejército de Resistencia del Señor (LRA) secuestra niños, obligando a las niñas al "casamiento" y a la violación institucionalizada. A los hombres se les "regalan" mujeres y niñas como recompensas por "buen comportamiento", es decir, por obedecer órdenes de matar prisioneros de guerra y aldeanos detenidos. Los hombres tienen un control sexual total sobre sus "esposas" y "ayudantes domésticas", sometiéndolas a violaciones y otras formas de violencia.
- El rapto, la violación y la esclavitud sexual también son sistemáticas y generalizadas en el conflicto de Sierra Leona. Las víctimas de violación con frecuencia sufren brutalidad extrema. En un caso, a una niña de 14 años se la apuñaló en la vagina porque se rehusó a tener relaciones sexuales con el combatiente rebelde que la había raptado. En otro caso, una niña de 16 años sufrió lesiones tan graves, que después de que huyó de sus captores fue necesario practicarle una histerectomía.
La violación no es un accidente de guerra, ni una consecuencia
secundaria de un conflicto armado. Su uso generalizado en tiempos de conflicto
refleja el terror excepcional que representa para las mujeres, el poder excepcional
que le otorga al violador sobre su víctima y el desprecio excepcional
que muestra por sus víctimas. El uso de la violación en los
conflictos es reflejo de las desigualdades enfrentadas por las mujeres en
sus vidas cotidianas en tiempos de paz. Mientras los gobiernos no asuman la
responsabilidad que tienen de garantizar la igualdad y poner fin a la discriminación
contra las mujeres, la violación seguirá siendo un arma favorita
entre los agresores.