No Más Violencia Contra las Mujeres
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Al igual que muchos otros casos de violencia ocurrida en el transcurso de un conflicto armado, la violencia contra las mujeres no es accidental. Es un arma de guerra, una herramienta utilizada para lograr objetivos militares como la limpieza étnica, la diseminación del terror político, el quiebre de la resistencia de una comunidad, una recompensa para los soldados, un medio de intimidación o una forma de obtener información. Muchas formas de violencia sufrida por las mujeres durante un conflicto armado son específicas del género en su naturaleza y su resultado. Investigaciones recientes han demostrado claramente que en varias situaciones de conflicto, la elección de las víctimas y las formas asumidas por los abusos cometidos durante un conflicto armado se basan en el género, al igual que en otros aspectos de la identidad, como la etnia o la raza. Esto resultó evidente, por ejemplo, cuando en Ruanda se violó por millares a las mujeres Tutsi, muchas de las cuales fueron también mutiladas antes de ser asesinadas durante el genocidio cometido en 1994 por los Hutus ruandeses.
El abuso cometido contra las mujeres en un conflicto armado tiene sus raíces en una cultura mundial de la discriminación que niega a las mujeres la igualdad con los varones. Normas sociales, políticas y religiosas identifican a las mujeres como propiedad de los varones, identifican la castidad femenina con el honor familiar y la identidad étnica, y legitimizan la apropiación violenta del cuerpo de la mujer para gratificación personal o con fines políticos.
Normas legales para los derechos humanos internacionales
- La Recomendación general No.19 de la Comisión de la ONU sobre la eliminación de todas las formas de discriminación, sostiene que “la violencia basada en el género... es... violencia dirigida contra una mujer por el hecho de ser mujer o [porque la violencia] afecta a las mujeres de forma desproporcionada…” Por lo tanto, las mujeres cuyos derechos humanos se violan como consecuencia de un conflicto armado no gozan de la protección igualitaria de la ley.
- El Artículo 27 de los Convenios de Ginebra de 1949, en respuesta ante las brutales represalias contra las mujeres ocurridas durante la Segunda Guerra Mundial, establece que “Las mujeres serán especialmente protegidas contra todo atentado a su honor y, en particular, contra la violación, la prostitución forzada y todo atentado a su pudor”. Igualmente denuncia estas acciones si se basan en la “nacionalidad, raza, creencias religiosas, edad, estado civil o condición social”.
- El Artículo 3 común de los Convenios de Ginebra de 1949, con respecto a casos de conflictos armados que no son de índole internacional, prohíbe los actos cometidos contra quienes no participen directamente en las hostilidades incluyendo “el homicidio en todas sus formas”, “los atentados contra la vida y la integridad corporal”, la tortura, la toma de rehenes y “los atentados contra la dignidad personal, especialmente los tratos humillantes y degradantes”.
- El Protocolo I de los Convenios de Ginebra de 1949, dirigido a las autoridades civiles y/o militares que se involucran en casos de conflictos armados internacionales, así como en regímenes de dominación colonial y racistas, establece que las mujeres “serán protegidas en particular contra la violación, la prostitución forzada y cualquier otra forma de atentado al pudor”.
- La jurisprudencia del Tribunal Penal Internacional para Ruanda reconoce a la violación y otras formas de violencia sexual por parte de los participantes en un conflicto armado como crímenes de guerra. Cuando la violación y la violencia sexual se cometen como arte de un ataque generalizado o sistemático contra cualquier población civil, se las considera como crímenes de lesa humanidad, y en algunos casos, pueden constituir un elemento del genocidio.
Impacto de los conflictos armados sobre las mujeres
Si bien los conflictos armados afectan a las mujeres de varias formas que son específicas de cada conflicto, existen ciertas tendencias que predominan en todos los conflictos y regiones. Es importante tener en cuenta que la mayoría de las mujeres sufre el impacto de la guerra de diferentes formas:
Violación y otros tipos de violencia física
La violación de las mujeres de los pueblos vencidos por parte de los soldados vencedores ha sido una consecuencia de las guerras durante siglos. Aunque la violación como arma de guerra infringe los Convenios de Ginebra y se identifica como un crimen de guerra, las mujeres siguen siendo violadas en los conflictos que se producen hoy. Si bien la violencia sexual en tiempos de guerra a menudo se encuentra directamente relacionada con los grupos armados, los militares o guerrilleros, no toda la violencia es cometida por los participantes en las hostilidades. Con frecuencia, el desorden y la falta de acción policial en las zonas de guerra son aprovechados por civiles, tratantes de mujeres o por los miembros de las tropas de paz que buscan diversión, oportunidades comerciales o venganza. Las amenazas y las represalias contra quienes denuncian los abusos, la existencia de leyes nacionales especiales que evitan el enjuiciamiento de delitos cometidos en el transcurso de la guerra, y las leyes que otorgan amnistía a los criminales de guerra como parte de “acuerdos de paz”, todo ello contribuye a la impunidad con la que se producen los crímenes sexuales durante la guerra.
En 1992, mujeres musulmanas bosnias y croatas bosnias fueron detenidas por las fuerzas serbias bosnias en la ciudad de Foca, en la ex-Yugoslavia. Estas mujeres eran llevadas todas las noches y violadas, y se les negaban cuidados médicos para las lesiones recibidas como consecuencia del abuso sexual y las golpizas. Una niña de 12 años de edad, detenida por diez días en agosto de 1992, fue sacada del centro diez veces para ser violada, mientras que su madre fue llevada dos veces. En febrero de 2001, en la Corte Penal Internacional para la Ex Yugoslavia, se condenó a tres serbios bosnios por 33 imputaciones de crímenes de guerra y de lesa humanidad, incluyendo la violación de mujeres y niñas musulmanas bosnias en Foca.
Trata y esclavitud sexual
Según el Protocolo Para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas, Especialmente Mujeres y Niños, la trata de seres humanos es la captación ilegal, la venta, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la fuerza, al engaño, la coerción y el rapto con fines de explotación, trabajo forzado y servidumbre en todas sus formas (Artículo 3(a)). Las mujeres son particularmente vulnerables a esta forma moderna de la esclavitud, debido en gran parte a la persistencia de las desigualdades y la discriminación que enfrentan en todo el mundo. En muchos casos, a las víctimas de la trata sexual se les prometen empleos lucrativos en el país de destino, pero se las vende en lugar de ello a las redes de esclavitud sexual.
En tiempos de guerra, la seguridad y la situación económica de muchas mujeres se deteriora de forma tan drástica que la oferta de refugio y empleo pago en otro país puede resultar imposible de rechazar, aumentando así la vulnerabilidad de las mujeres ante la trata. Con frecuencia con la ayuda del gobierno, la policía y los militares, los tratantes encuentran pocos obstáculos. En todos los casos, se utilizan tácticas de coerción, incluyendo el engaño, fraude, intimidación, aislamiento, amenazas y uso de la fuerza física o esclavitud por deudas para controlar a las mujeres que son víctimas de la trata.
Desplazamiento
El desplazamiento es la consecuencia más común de los conflictos armados y las mujeres constituyen el grupo civil más afectado. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados estima que las mujeres y niños componen el 70-80% de la población mundial de refugiados y personas desplazadas internamente. En el transcurso de su huida, y al llegar a los barrios pobres urbanos o los campos de refugiados, las mujeres a menudo sufren violencia y abusos en manos de los combatientes, civiles oportunistas o quienes supuestamente deben actuar en el mantenimiento de la paz. Sin una red viable de apoyo social o económico y a menudo sin protección masculina, las mujeres desplazadas son altamente vulnerables a la violencia.
En el campamento Maela para personas internamente desplazadas del Valle del Rift, Kenia, las mujeres eran frecuentemente violadas por el personal de seguridad cuando abandonaban el campamento para buscar comida o para trabajar. Una mujer declaró, “aunque sabíamos que esto podía ocurrir, seguimos haciendo este trabajo porque nuestros hijos tenían hambre y no teníamos opción”.
Privaciones económicas
El impacto económico de los conflictos armados tiene manifestaciones que son específicas del género. Los problemas de las mujeres en tiempos de guerra se vuelven particularmente arduos, dado que tienen que asumir la responsabilidad por las tareas y obligaciones domésticas, y ganarse la vida en reemplazo de sus parientes masculinos ausentes. Como resultado, las funciones normales de la mujer en el hogar se vuelven más difíciles de sobrellevar. Si las mujeres se ven obligadas a ser el único sostén económico de sus familias, la ausencia de una infraestructura adecuada a menudo impide que las mujeres puedan alimentar a sus familias o encontrar trabajo pago. En períodos de privaciones extremas y al enfrentar una falta crónica de recursos para mantener a sus familias, las mujeres pueden verse obligadas a realizar trabajos en el sector informal, lo que representa un mayor riesgo para su seguridad y salud.
Dificultad para documentar los abusos contra los derechos humanos de las mujeres
Muchas víctimas de la violencia basada en el género durante un conflicto armado se sienten renuentes a hablar sobre sus experiencias. Las presiones de las partes del conflicto, el gobierno, la familia o la comunidad sirven para intimidar a muchas mujeres y silenciarlas. La larga duración del conflicto o del predominio de la violencia a menudo impide que las mujeres tengan la oportunidad de hacer denuncias. En muchas regiones existen represalias, vergüenza y estigmas sociales relacionados con ciertos tipos de violencia contra las mujeres, especialmente la violación. El temor ante las consecuencias de denunciar la violencia sexual, como el rechazo, el repudio, el divorcio, el ser declaradas no aptas para el casamiento y las severas repercusiones económicas y sociales, todo ello hace que las mujeres se sientan renuentes a la hora de denunciar la violencia sufrida.
Aunque es menos probable que las mujeres sean combatientes, las mujeres constituyen la mayor proporción de la población civil adulta que muere en la guerra y es víctima de la violencia. Las mujeres sufren severos problemas físicos, económicos y psicológicos durante los períodos de conflicto armado. Existen mecanismos legales para la protección de las mujeres en tiempos de guerra. Amnistía Internacional hace un apelo para que usted nos ayude a hacer que los gobiernos implementen estas disposiciones y garanticen que los derechos humanos de las mujeres se respeten en los conflictos armados.