¡Denunciemos la Tortura!
Día 2: Estudios de Caso
Maher
Arar
Maher Arar, un ciudadano canadiense que inmigró de Siria, fue detenido por el Servicio de Inmigración y Naturalización (INS) de los Estados Unidos en el aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York el 26 de septiembre del 2002 cuando viajaba en tránsito hacia Canadá después de visitar a su esposa en Túnez. Arar fue cuestionado sin abogado durante 9 horas sobre su supuesta relación con Al Qaeda y después enviado al Centro de Detención Metropolitano de Nueva York.
Según afirma, agentes estadounidenses lo despertaron a primera hora del 8 de octubre del 2002 y le dijeron que lo iban a expulsar a Siria, donde la tortura y detención incomunicada son práctica común para prisioneros políticos. Nunca se le otorgó una audiencia ni se informó a su familia, sus abogados o al consulado de Canadá de su destino. Bajo tales circunstancias, (sin una audiencia y con destino a un país reconocido por practicar la tortura contra sus prisioneros), su expulsión es una violación de las obligaciones de los Estados Unidos en virtud del derecho internacional, específicamente la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes.
Tras una breve escala en Jordania, donde según afirma le pusieron grilletes y lo golpearon, lo llevaron a Siria y lo entregaron al Far Falestin, rama palestina del servicio de información militar sirio, conocida por torturar a los presos políticos. Allí, según afirma, lo golpearon brutalmente con cables de electricidad durante seis días de interrogatorio y lo amenazaron con aplicarle descargas eléctricas y sentarlo en la "silla metálica", instrumento de tortura que estira la columna. Al final se derrumbó y firmó un documento en el que confesaba falsamente haber estado en Afganistán.
Maher Arar afirma que pasó más de 10 meses aislado en una minúscula celda en un sótano sin luz a la que llamaba "la tumba". En el techo de la celda había una pequeña rejilla que daba a un corredor y a través de la cual ratas y gatos orinaban en la celda. No había muebles, sólo dos mantas en el suelo. Durante los primeros seis meses no vio la luz del sol.
Representantes de la embajada canadiense en Damasco visitaron a Maher Arar en prisión pero no pudieron hablar con él en privado. Entre abril 22 y agosto 14 del 2003, no se les permitió verlo a pesar de haberlo pedido en numerosas ocasiones.
El 5 de octubre de 2003, la noche anterior a su juicio ante la Corte Estatal de Seguridad, las autoridades sirias dejaron en libertad a Maher Arar. Fue entregado al consulado canadiense en Damasco y el 6 de agosto regresó en avión a Canadá, donde se reunió con su familia.
El 5 de febrero del 2004, el gobierno de Canadá estableció la Comisión de Investigación de las Acciones de Autoridades Canadienses en Relación con el caso de Maher Arar. Esta ha sido la primera vez que un gobierno ha abierto una investigación independiente sobre las leyes y prácticas de seguridad posteriores al 11 de septiembre.
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