Actúa para Defender los Derechos Humanos
- Pide a Chevron que se responsabilice sobre la contaminación en la Amazonía ecuatoriana - ¡Ayúdanos a lograr nuestro objetivo de 20.000 cartas!
Por más de cuatro décadas, las comunidades indígenas han sido testigos de cómo las multinacionales petroleras se han abierto paso a través de sus territorios ancestrales y de la selva amazónica en busca de los vastos recursos petroleros del país. Los testimonios de estas comunidades, verificados por estudios independientes y por reportes como Crudo Amazónico, han descrito cómo compañías petroleras han acabado con la vida en los ríos, han surcado la selva con caminos, han contaminado el aire y han arrojado millones de galones de desechos tóxicos que están afectando la supervivencia de las comunidades que habitan en estas áreas.
- Enviar correspondencia a:
¡Pide a Chevron que se responsabilice sobre la contaminación en la Amazonía ecuatoriana! Envía un email a Lydia Beebe, Secretaria Corporativa y oficial del enlace de la Junta Directiva (lydia.beebe@chevron.com). ¡También comparte esta información con tu lista de correos y pídele que apoyen a la campaña por enviar una carta a Chevron!
Déjanos saber si recibes una respuesta. Envíanos la respuesta por email a: corpaction@aiusa.org o por correo a:
Amnesty International USA
Ate: Amy O'Meara
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New York, NY 10001
Envíen sus cartas inmediatamente. ¡Esperamos haber enviado 20.000 cartas hasta abril de 2006 y necesitamos tu ayuda!
- Antecedentes
Texaco empezó la exploración petrolera en Ecuador en 1964 y fue la primera compañía en descubrir cantidades comerciales de petróleo. Trabajando conjuntamente con Petroecuador (la compañía estatal petrolera), Texaco actuó como socio operador, estableciendo los estándares para las operaciones en la región. Según el informe Crudo Amazónico (1991), de la abogada ambientalista Judith Kimerling, desde 1972 hasta que salió de Ecuador en 1992, Texaco vertió intencionalmente más de 19 mil millones de galones de agua con desechos tóxicos en la región y fue responsable de haber derramado 16,8 millones de galones de petróleo del oleoducto principal en la selva amazónica. Para comparar, el infame desastre del buque Exxon Valdez derramó 10,8 millones de galones en las costas de Alaska en 1989. El informe alega que estas acciones contaminaron la tierra y el agua subterránea de las comunidades que viven en estas regiones y continuarán amenazando sus bases económicas y culturales de supervivencia.
Según los autores del Informe Yana Curi de 1999, el cual detalla el impacto del desarrollo petróleo en la salud de los pobladores de la Amazonía ecuatoriana, vivir cerca de los campos petroleros parece aumentar el riesgo en la salud de los residentes. Por ejemplo, según las características de la población del recinto petrolero de San Carlos, las estadísticas de cáncer entre sus habitantes son más altas que los niveles normales esperados. Otro estudio publicado en el International Journal of Occupational and Environmental Health advierte una correlación entre un alto índice de abortos espontáneos y vivir cerca de aguas contaminadas. En algunos arroyos se encontraron niveles de concentración de químicos petroleros, como hidrocarburos, 280 veces mayores a los niveles permitidos en la comunidad europea. Mientras tanto, Chevron no sólo se ha negado a reconocer cualquier conexión entre los riesgos para la salud pública y los problemas ambientales causados por sus procedimientos de perforación en la Amazonía ecuatoriana, sino que también se ha negado a limpiar la contaminación, sosteniendo que un acuerdo de "remediación" con el gobierno ecuatoriano lo ha liberado de toda responsabilidad. La compañía también se ha rehusado a compensar directamente a las comunidades afectadas por haber amenazado su salud y su supervivencia económica y cultural al contaminar su medio ambiente.
Estos informes resaltan los graves abusos de derechos humanos contra las personas que viven en el área de las antiguas operaciones de Texaco. Como se ha descrito en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, se han violado los derechos de los pobladores a mantener el mejor nivel posible de salud, a disfrutar de un nivel de vida adecuado y a tener acceso a fuentes de agua limpia.
La pasividad corporativa ignora el hecho de que la responsabilidad de proteger los derechos humanos no le corresponde solamente a los estados y a las naciones. Desde 1948, la Declaración Universal de Derechos Humanos ha proporcionado un estándar de objetivos generales, señalando que cada individuo y organismo de la sociedad tiene la responsabilidad de reconocer y cumplir los derechos y libertades ratificados en dicha Declaración. En 2003, la Subcomisión de Promoción y Protección de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas adoptó las Normas de la ONU (en inglés) que tratan sobre las responsabilidades que tienen las corporaciones trasnacionales y otras empresas con respecto a los derechos humanos. Tras ser aprobadas, las Normas de la ONU fueron enviadas a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU para ser discutidas. El preámbulo a las Normas de la ONU señala que "las corporaciones trasnacionales y las otras empresas de negocios, sus empleados y las personas que trabajan para ellas están también obligadas a respetar las normas y responsabilidades generalmente reconocidas y contenidas dentro de los tratados de las Naciones Unidas y de los otros instrumentos internacionales." A pesar de que las Normas de la ONU aún no tienen estatus oficial como leyes, representan un nuevo consenso de opiniones que reconocen que si los estados e individuos tienen obligaciones internacionales las corporaciones también tienen personería bajo la ley internacional. Más información. »
