Ayuden a las mujeres afganas y ganen el debate sobre la guerra
30 agosto 2009¿Por qué 42 países están presentes en Afganistán y por qué Reino Unido ha perdido más de 200 de sus efectivos en ese país? Esta pregunta aparentemente letal circula por las altas esferas del poder y más allá como una granada a la que le han quitado la anilla.
El ministro de Defensa, Bob Ainsworth, ha dicho que ésta es una guerra para “proteger nuestra seguridad nacional”. Pero el enfoque occidental parece contraproducente tanto en lo militar como en lo que se refiere al apoyo del pueblo afgano.
Muchas personas afganas han comentado a Amnistía que están de acuerdo con la presencia de tropas internacionales siempre y cuando estén para proteger sus derechos humanos y mejorar sus vidas. El gobierno británico debería tomarse esto en serio e incluir los derechos humanos en los parámetros de su estrategia afgana.
De ese modo ofrecerán la asistencia que necesitan de manera desesperada millones de personas afganas, en especial mujeres, cuyos derechos humanos son todavía objeto de terribles abusos. Asimismo, les serviría de ayuda en el esfuerzo militar y en la tarea de proteger la seguridad nacional británica.
Un pequeño cambio que ayudaría: en vez del insignificante objetivo de contar cuántos talibanes han muerto o cuántas poblaciones han sido liberadas, las fuerzas internacionales deberían medir su éxito mediante claros parámetros basados en la mejora de la situación de derechos humanos: ¿Tienen más mujeres acceso a asistencia médica en Helmand? ¿Hay más niños y niñas que puedan ir al colegio?
Este cambio mejoraría la vida de millones de personas afganas y ayudaría al gobierno de Reino Unido a explicar por qué hay tantas tropas británicas desplazadas allí (y sufriendo bajas).
Se ha perdido el papel importante de los derechos humanos en la intervención internacional en Afganistán. En 2001, Tony Blair expuso las razones por las que “no hacer nada” en Afganistán no era una opción. Los estragos que estaban causando los talibanes en los derechos humanos, en especial en los de las mujeres, estaban en primer lugar. Las mujeres, dijo el Sr. Blair “son tratadas de una manera demasiado repugnante para resultar creíble” mientras explicaba cómo habían sido apartadas de la educación y confinadas en sus casas casi como si fueran prisioneras.
El vehemente llamamiento del antiguo primer ministro a favor de las mujeres de Afganistán se convirtió en un sonoro reclamo en todo el mundo. Hoy es posible que el gobierno británico y sus aliados eviten abordar el asunto, pero contribuir a acabar con la represión extrema de la mujer afgana era uno de los objetivos marcados en la agenda al principio de la misión.
¿Qué ha cambiado? Desde luego no lo suficiente. Una vez que se suprimieron las restricciones talibanes más férreas, las condiciones de la mujer mejoraron. Millones de niñas pudieron volver al colegio, algunas mujeres regresaron al trabajo y a la vida pública (incluso como miembros del Parlamento) y la nueva legislación se aprobó para mejorar la situación legal de la mujer.
Muchos de estos frágiles cambios se han hecho añicos en el sur y el este del país a medida que los talibanes y otros grupos antigubernamentales han vuelto a destruir, una vez más, escuelas y centros de salud, y a hostigar a las mujeres.
A pesar de que la ley prohíbe el matrimonio de menores de edad, más de la mitad de las niñas afganas son entregadas en matrimonio antes de cumplir los 16 años. Las familias pobres de las zonas rurales siguen considerando en gran medida a las niñas como bienes objeto de trueque en un matrimonio.
Las mujeres afganas todavía disponen de muy pocos recursos para acceder a la justicia y son discriminadas tanto en los sistemas judiciales formales e informales. La aprobación reciente de una ley enormemente discriminatoria que afecta a las mujeres chiíes dice mucho de la incapacidad del presidente Karzai para garantizar los derechos de las mujeres.
Gane quien gane el jueves y permanezca la presencia militar internacional que permanezca en el país durante los próximos años, la cruda realidad es que los abusos contra la población afgana –y por supuesto contra las mujeres– no muestran señales de disminuir.
Es intolerable. El gobierno británico debería mostrar el arrojo de sus aparentes convicciones de derechos humanos y denunciar aspectos como la subyugación de las mujeres afganas, incluso mientras sus fuerzas armadas siguen con sus tareas de “seguridad” en Helmand. Si el gobierno británico necesita una excusa, puede servirse de las resoluciones de Naciones Unidas sobre las implicaciones que tienen para las mujeres las situaciones de países asolados por un conflicto. Pero, ¿realmente necesita una excusa?
Escrito para The Independent por Horia Mosadiq, investigadora de Amnistía Internacional sobre Afganistán.
