spacer spacer Amnesty International USA spacer spacer spacer
spacer spacer
UneteActuain english
spacer spacer
spacer spacer spacer spacer
spacer spacer spacer spacer spacer spacer
shadow
spacer shadow
spacer
spacer
curve
spacer spacer Incio > Noticias y Eventos > Sudan. In: Amnesty International Report 2003 spacer
Share email this pageprint this page
spacer
spacer rule spacer
spacer

SUDAN
REPUBLICA DE SUDAN

Jefe del Estado y del gobierno: Omar Hassan Ahmad al Bashir
Pena de muerte: retencionista
Estatuto de la Corte Penal Internacional: firmado


Hasta la firma en octubre de un acuerdo de alto el fuego se cometieron numerosos abusos contra los derechos humanos en el contexto de la guerra. Las fuerzas gubernamentales, el Ejército de Liberación Popular de Sudán y los grupos armados aliados con ambos bandos del conflicto mataron, secuestraron y violaron a civiles, destruyeron viviendas y cosechas, mataron al ganado y restringieron el acceso a la ayuda humanitaria. Durante todo el año, grupos armados atacaron poblados y mataron e hirieron a civiles en Darfur, en el oeste de Sudán. Decenas de miles de sudaneses se vieron obligados a desplazarse dentro del país y padecieron hambre debido a los frecuentes cortes y restricciones en el suministro de ayuda humanitaria. En las zonas controladas por el gobierno, las fuerzas de seguridad detuvieron y acosaron a defensores de los derechos humanos y a detractores del gobierno. La mayoría de las personas detenidas permanecieron recluidas en régimen de incomunicación sin cargos ni juicio durante periodos prolongados, y varias sufrieron torturas bajo custodia. Según informes, se ejecutó al menos a 40 personas y se dictaron más de 120 condenas de muerte. Decenas de sudaneses fueron condenados a penas crueles, inhumanas o degradantes, como la flagelación o la amputación de miembros. Hubo frecuentes juicios sumarios que incumplían flagrantemente las normas de justicia procesal. Los tribunales especiales de la región de Darfur siguieron imponiendo condenas de muerte tras juicios sumarios.

Información general

Continuaron las negociaciones de paz. El gobierno -sudanés y el Ejército de Liberación Popular de Sudán acep-taron cuatro puntos del compromiso de paz propuesto por el enviado especial de Estados Unidos en Sudán. De resultas de este compromiso, en enero se acordó un alto el fuego bajo vigilancia internacional en las montañas Nuba, que se renovó en julio. En marzo, el gobierno y el Ejército de Liberación Popular firmaron un compromiso, que sería verificado por un equipo internacional, de no atacar objetivos civiles. Se creó una comisión internacional encargada de investigar la esclavitud en Sudán, que en mayo presentó un informe. Además, ambas partes del conflicto accedieron a permitir que las organizaciones humanitarias pusieran en práctica programas de atención médica en «zonas tranquilas». Sin embargo, estos acuerdos no siempre se respetaron, como lo demuestra el hecho de que continuaron los ataques a civiles, así como las violaciones del derecho internacional humanitario.

En las zonas ricas en petróleo continuaron los enfrentamientos entre los dos bandos, compuestos uno por las fuerzas gubernamentales y los grupos armados, y el otro por el Ejército de Liberación Popular y el Frente Democrático Popular de Sudán-Fuerza de Defensa de Riek Machar, que se había aliado con el Ejército de Liberación en enero.

En el este de Sudán, la oposición armada al gobierno estaba encabezada por la Alianza Nacional Democrática, fuerza dirigida por ocho partidos políticos del norte y aliada con el Ejército de Liberación Popular. Según informes, también se registraron enfrentamientos entre fuerzas armadas eritreas y fuerzas gubernamentales de Sudán.

El 20 de julio, el gobierno y el Ejército de Liberación firmaron un protocolo de paz en Machakos, Kenia, auspiciado por la Autoridad Intergubernamental de Desarrollo (agrupación regional de la Unión Africana) y mediadores internacionales. El proceso de paz se detuvo el 1 de septiembre —cuando el Ejército de Liberación capturó Torit, en la provincia de Equatoria, y el gobierno prohibió fletar aviones de ayuda humanitaria a la zona— para reanudarse en octubre, después de que el gobierno recuperó la ciudad. El 17 de octubre, ambas partes firmaron un alto el fuego, y el 26 de ese mismo mes pactaron no poner ningún impedimento al acceso de ayuda humanitaria internacional. En noviembre, el gobierno y el Ejército de Liberación firmaron un Memorando de Entendimiento.

Las organizaciones de la sociedad civil protestaron por verse excluidas de las conversaciones de paz. A pesar de las menciones a los derechos humanos en el protocolo de Machakos, ambas partes siguieron restringiendo tales derechos o cometiendo abusos en su contra. En diciembre, el gobierno renovó el estado de excepción.

En abril, la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas renovó el mandato del relator especial sobre la situación de los derechos humanos en Sudán, que visitó el país en octubre. En septiembre, el Comité de los Derechos del Niño examinó el segundo informe periódico de Sudán.

Homicidios ilegítimos
Tanto las fuerzas gubernamentales como los grupos armados de oposición convirtieron a la población civil en objeto directo e indiscriminado de ataques y, según informes, llevaron a cabo ejecuciones extrajudiciales en el contexto de la guerra civil. Se recibieron informes de al menos 85 casos de bombardeos aéreos desde helicópteros de combate y aviones Antonov del gobierno contra objetivos civiles. Según los informes, más de 470 civiles murieron en mayo a manos del Ejército de Resistencia del Señor (véase el apartado sobre Uganda).

En diciembre, la primera investigación iniciada en virtud de las disposiciones del acuerdo de marzo relativas a no matar a civiles concluyó que el gobierno no había elegido a la población civil como objetivo deliberado en un ataque llevado a cabo en septiembre en el que murieron 12 civiles. El informe también señaló que el Ejército de Liberación Popular de Sudán había empleado armas cerca de zonas de población civil.

El 21 de febrero, un helicóptero de combate del gobierno mató a 24 civiles en Bieh, causó heridas a muchos más e impidió una operación de distribución de alimentos del Programa Mundial de Alimentos. El ataque tuvo lugar a pesar de que el gobierno había dado permiso a las operaciones del Programa Mundial de Alimentos en Bieh ese día, dentro del marco del trabajo de Operación Salvar Sudán, una agrupación de organizaciones que proporciona ayuda humanitaria a los civiles del sur de Sudán. El gobierno anunció la apertura de una investigación, pero al terminar el año no se había hecho público resultado alguno.

Según informes, las fuerzas del Ejército de Liberación Popular de Sudán ejecutaron sumariamente a varios soldados gubernamentales a los que habían capturado tras apoderarse de Torit a principios de septiembre.

Hombres armados pertenecientes a grupos nómadas atacaron a decenas de poblados en Darfur, en los que mataron e hirieron a decenas de civiles, sobre todo del grupo étnico fur, y en los que destruyeron viviendas y mataron ganado prácticamente con total impunidad. En abril, un grupo armado mató a 17 personas en un ataque al poblado de Shobe. Se detuvo al menos a ocho habitantes del poblado, incluidos algunos que habían protestado ante las autoridades por el ataque. Todos ellos permanecieron recluidos sin cargos hasta siete meses antes de ser puestos en libertad.

Desplazamiento interno
Los ataques contra civiles y la destrucción de viviendas, rebaños y cosechas provocaron la huida y el desplazamiento de decenas de miles de personas. Los desplazados no tenían medios de subsistencia y las agencias de ayuda humanitaria no pudieron acceder a muchos de ellos debido a la inseguridad o a las restricciones gubernamentales a los vuelos de ayuda humanitaria.

En agosto, las agencias de ayuda humanitaria informaron de que alrededor de 127.000 personas desplazadas por los enfrentamientos en el Alto Nilo Occidental habían huido a los distritos de Gogrial y Twic, en el norte del estado de Bahr al Ghazal. Su llegada añadió mayor presión a una situación ya de por sí precaria, en lo que se refiere a los alimentos.

Tortura
Siguieron recibiéndose informes de casos de tortura a manos de miembros de las fuerzas de seguridad.

Según informes, a 14 estudiantes de la Universidad de Bahr al Ghazal, en Jartum, detenidos a raíz de las violentas manifestaciones celebradas en octubre, les afeitaron la barba y los golpearon con mangueras mientras estaban bajo custodia. Al parecer, las detenciones tuvieron lugar tras un violento enfrentamiento anterior en el recinto universitario, entre estudiantes y dos agentes de seguridad, que la policía dispersó con gas lacrimógeno y balas de goma.

Yaser Mohamed al-Hassan Osman, subsecretario de la Facultad de Medicina de la Universidad de Jartum, fue detenido el 26 de octubre y permaneció recluido dos días. Según informes, mientras estaba bajo custodia, miembros de las fuerzas de seguridad se pusieron de pie sobre su pecho y su vejiga y lo golpearon con una barra de hierro hasta dejarlo inconsciente. Tras quedar en libertad, tuvo que recibir cuidados intensivos en el Hospital de Jartum. Había sido detenido junto a decenas de estudiantes tras los violentos enfrentamientos que estallaron el 22 y 23 de octubre entre estudiantes de la Universidad de Jartum y policías antidisturbios armados con porras y balas de goma.

Pena de muerte
Según informes, al menos 40 personas fueron ejecutadas y se condenó a muerte al menos a otras 120. Se dictaron más de 90 nuevas condenas de muerte tras juicios sin garantías en tribunales especiales de la región de Darfur. Estos tribunales, creados por decreto presidencial en el año 2001 para juzgar delitos relacionados con «bandidaje armado», impusieron penas de muerte y otras penas crueles, inhumanas y degradantes tras juicios sumarios ante jueces militares, a menudo sin permitir que los acusados contaran con asistencia letrada.

El 17 de julio, un tribunal especial de Nyala, en el sur de Darfur, condenó a muerte a 88 personas por delitos como asesinato, robo a mano armada y alteración del orden público. Según los informes, entre los condenados había dos niños de 14 años, Gadim Hamdoum Hamid y Kabashi Alayan. Hubo 36 acusados, de un total aproximado de 130, la mayoría del grupo étnico rizeigat, que denunciaron haber sido golpeados en junio con mangueras y culatas de armas mientras permanecían en prisión preventiva. Sus abogados se retiraron después de que el tribunal se negó a permitir que se realizara un examen médico a sus clientes. La condena estaba pendiente del resultado de la apelación.

En noviembre se rechazó el recurso final de Mohamed Ibrahim, Sadul Adam Abdelrahman, Abdullah Rabhi, Mohamed Hamid Ahmed y Mohamed Issa Tiue, condenados a sufrir amputación cruzada (de una mano y el pie contrario) y a morir ahorcados a continuación. En 1999 habían sido declarados culpables de robo a mano armada en un juicio sin garantías celebrado en Nyala, Darfur, en el que, según informes, no les permitieron contar con asistencia letrada.

En febrero, la condena a muerte por lapidación dictada por un tribunal penal de Nyala contra Abok Alfa Akok, mujer no musulmana perteneciente al grupo étnico dinka, quedó reducida en apelación a 75 latigazos. La sentencia se ejecutó de inmediato.

Derechos de la mujer
Las mujeres siguieron siendo víctimas de violaciones y secuestros en el contexto de la guerra civil. No se procesó a los presuntos autores de actos de violencia sexual. Además, en las zonas controladas por el gobierno, las mujeres sufrieron tratos crueles, inhumanos o degradantes por acusaciones de adulterio, sin que los hombres implicados recibieran por lo general castigo alguno. En el norte del país, los agentes de policía siguieron acosando y maltratando a las mujeres al aplicar la Ley de Orden Público, que restringe la libertad de circulación, de conducta y de vestimenta de las mujeres.

En noviembre, al menos 14 mujeres del poblado de Munwashi, cerca de Nyala, en Darfur, fueron declaradas culpables de adulterio y condenadas a recibir 100 latigazos cada una. También se detuvo por adulterio a otras tres mujeres de la misma zona, pero al terminar el año no había informes de que se las hubiera procesado.

Reclusión en régimen de incomunicación sin cargos
Las fuerzas de seguridad detuvieron a decenas de presuntos detractores del gobierno. Muchos permanecieron recluidos en régimen de incomunicación durante periodos prolongados sin cargos ni juicio.

En octubre, los agentes del servicio militar de información detuvieron en Aweil, capital del estado de Bahr al Ghazal, a nueve funcionarios públicos de etnia dinka, entre los que se encontraban Garang Wek Atheny y Gabriel Akol Akol Kuc, así como a Ahmad Labuo, de profesión comerciante. Todos ellos quedaron en libertad el 12 de diciembre tras permanecer 53 días en régimen de incomunicación.

Hassan al-Turabi, ex presidente y líder del Congreso Nacional Popular, permaneció privado de libertad todo el año. El Tribunal Constitucional resolvió en agosto que su reclusión era inconstitucional pero inmediatamente se dictó un decreto presidencial de emergencia por el que se ampliaba su detención un año más. Otros más de 30 miembros del Congreso Nacional Popular, detenidos entre mayo y septiembre, permane-cían recluidos sin cargos ni juicio al terminar el año.

Secuestros y esclavitud
En mayo, una comisión internacional de personas eminentes, encabezada por Estados Unidos y creada en diciembre de 2001 para investigar casos de esclavitud, secuestro y servidumbre forzada, emitió un informe en el que señalaba que algunas relaciones de explotación se ajustaban a la definición de esclavitud expuesta en tratados internacionales, y en el que formulaba una serie de recomendaciones para poner fin a tal práctica. El gobierno siguió negando que en su país hubiera esclavos.

El Comité para la Erradicación del Secuestro de Mujeres y Niños, creado por el gobierno en 1999, pasó a estar bajo control directo del presidente. El Comité informó de que había logrado la liberación de 150 personas secuestradas. Sin embargo, no había noticia de que se hubiera procesado a ningún presunto responsable de tales secuestros.


Restricciones a la libertad de expresión y de asociación
A pesar de cierta relajación en las restricciones de las actividades políticas y de que el gobierno anunció en diciembre de 2001 el levantamiento de la censura a los medios de comuni-ca-ción, tanto el gobierno como las fuerzas de seguridad siguieron limitando la libertad de expresión y de asociación. Las autoridades utilizaron artículos restrictivos o vagamente redactados del Código Penal y de la Ley de Prensa de 1999 para detener a periodistas y directores de periódicos y para confiscar periódicos, suspender su tirada o imponerles multas. Se impusieron sanciones por escribir o publicar artículos que criticaban al gobierno o por comentar un amplio espectro de cuestiones, como el sida y la ablación femenina.

En febrero, en Jartum, las fuerzas de seguridad negaron a los Hermanos Republicanos, recién inscritos en registro de acuerdo con la Ley de Asociaciones Políticas del gobierno, el permiso que habían solicitado para celebrar una reunión en la que pretendían conmemorar el aniversario de la ejecución en 1985 de su líder espiritual, Mahmoud Mohamed Taha.

En septiembre, las fuerzas de seguridad detuvieron a Osman Mirghani, columnista del diario con sede en Jartum Al-Ra'y al-'Am, después de que se emitiera por el canal de televisión Al Yazira, con sede en Qatar, una entrevista en la que había criticado al gobierno sudanés por abandonar las negociaciones de paz. Lo recluyeron durante dos días para interrogarlo y luego lo dejaron en libertad sin cargos.

Informes y visitas de Amnistía Internacional

Declaración pública
• Sudan: Human rights agenda for lasting peace
(Indice AI: AFR 54/018/2002)


spacer spacer spacer
spacer
spacer
bottom